CANDIDIASIS VAGINAL CRÓNICA. EL HORROR DEL QUE NADIE HABLA.

Este no es un post sólo para mujeres, si eres hombre te interesa mucho conocer esta historia que hoy te desvelo. Tu novia, tu mejor amiga, tu hija, tu hermana o tu madre pueden haber pasado por esta situación y puede que no te hayas dado cuenta.

Si eres mujer y te encuentras en esta situación ahora mismo, entonces TIENES que leer este post y descubrir cosas que ni imaginabas sobre la candidiasis vulvovaginal crónica.

Hoy voy a hablar de un tema que me toca en lo personal mucho. Es un tema del que evité hablar durante años por vergüenza, y del que jamás pensé que hablaría y aún menos en un post en internet.

Hoy te hablo sobre la candidiasis vulvovaginal crónica (también conocida como candidiasis vaginal crónica o candidiasis crónica a secas).

Y aunque ya sabes que me gusta ser rigurosa, te adelanto que quizás emplee un tono más emocional.

Antes de que empieces a leer quiero que pongas en valor el contenido de este artículo.

Me ha costado mucho escribirlo, y más aún publicarlo.

Sin embargo al final lo he hecho, porque creo que se lo debo a las miles de mujeres que actualmente padecen candidiasis vulvovaginal crónica.

Qué es la candidiasis crónica (desde el punto de vista científico).

Definición: Conjunto de síntomas que engloban principalmente erupción, picor, dolor, dispaneuria (coito doloroso) y otros y que se presentan de forma crónica, exacerbándose antes de la menstruación y remitiendo durante la misma, causados por el sobrecrecimiento de un hongo presente de forma natural en nuestra microbiota, Candida albicans.

La etiología de la enfermedad se desconoce. Es decir, no se sabe la causa del sobrecrecimiento ni porque perdura de forma cronica.

La cándida es muy insidiosa y no se muestra fácilmente en las analíticas. Las pruebas de laboratorio actuales (cultivos, PCR, microscopía, biopsia del epitelio, etc.) son poco sensibles y en muchas ocasiones (para frustración del paciente) dan negativo a pesar de que el paciente muestre síntomas claros (heridas, picor, ardor, escozor, etc.) [1].

Diversos estudios muestran que los tratamientos farmacológicos actuales son ineficientes y no solucionan la candidiasis vulvovaginal crónica.

Qué es la candidiasis crónica (desde el punto de vista personal).

La realidad de las personas que conviven con la candidiasis vaginal crónica es la siguiente.

Casi no dormimos y vivimos con un miedo PERMANENTE a amanecer con ese leve picor que sabemos se transformará en pocas horas en horribles picores y dolores, evolucionando en un solo día en heridas que al hacer pipí escuecen como demonios y dejan sangre en el papel.

Cuando esto ocurre (porque ocurre una y otra vez), por las mañanas lloras sola en el baño, desconsolada y desesperada, sin saber ya qué hacer.

Y así otros 20-25 días más, hasta la próxima regla.

Y así mes tras mes, y año tras año.

Vivimos deseosas de que nos baje la regla y se nos quiten por unos días los odiosos síntomas de la candidiasis vaginal. Para nosotras, paradójicamente, la regla es una bomba de oxígeno, un paréntesis que nos permite coger aire de nuevo y comenzar un nuevo mes.

Preferimos la regla. Aunque también nos duele a rabiar, es más soportable que la candidiasis.

Tras la regla, volvemos al horror. Es un ciclo que parece repetirse sin fin.

Vamos de médico en médico durante años buscando desesperadas un tratamiento que nos arranque de una vez por todas la cándida de nuestro cuerpo.

Probamos todos los medicamentos que nos mandan, y por más que lo hacemos bien, ninguno nos cura.

Por eso, al final pensamos que algo estamos haciendo mal.

En muchas ocasiones acabamos pensando que es culpa nuestra que el tratamiento no nos funcione y nos volvemos locas dándole vueltas a la receta médica no vaya a ser que leímos mal el tratamiento o que entendimos mal al médico.

En algunos artículos, muy pocos, se hace referencia a testimonios que informan de que tras mantener relaciones sexuales suele haber un episodio de candidiasis [2].

Lo que no se menciona en casi ningún paper (artículo científico) es el miedo que acabamos desarrollando a tener cualquier tipo de interacción sexual. Y por supuesto, este tema es del que menos hablamos. La vergüenza...

No se describe en los papers la culpa que nos corroe por negarnos a tener sexo con nuestra pareja porque duele como si te acuchillaran.

Ni la culpa que nos corroe cuando nuestra pareja se entristece o se enfada porque acaba pensando que ya no te gusta o que no le quieres, porque te niegas casi siempre.

Ni el dolor horrible que padeces si al final cedes. Ni el dolor horrible que tendrás que aguantar los próximos días tras mantener la relación sexual.

Incluso si tu pareja es infinitamente paciente, comprensivo, dulce  y tierno (como es mi amor, por fortuna), siempre tienes el miedo a que se canse definitivamente de esa situación (no tener sexo, verte sufrir, apoyarte cada día, mantenerse fuerte por ti, escucharte y verte llorar, etc) y te deje.

Padecer candidiasis vaginal crónica es muy duro para ti, pero también para tu pareja, que es la única persona que ve realmente cuánto sufres y no puede hacer nada para ayudarte, salvo apoyarte en todo y consolarte.

Tampoco hablan los artículos científicos sobre lo difícil que es ir a trabajar en estas condiciones.

Que tienes que ir al baño cada 20 minutos para llorar desesperada y pasarte la toallita mientras te sorbes los mocos y te enjugas las lágrimas.

Para luego salir con una sonrisa reluciente, por supuesto, y enfrentarte a tu día como una buena profesional que tienes que ser.

Los papers no hablan sobre la culpabilidad que sentimos: Creemos que somos unas quejicas.

Esto ocurre por ejemplo, cuando un buen amigo/a (o madre, hermano, primo, etc.) te pregunta cómo estás y tú rompes a llorar desconsolada, y en seguida te sientes mal por estar dándole el coñazo.

- Siempre lo mismo… siempre la misma historia, ya deben estar hartos de mí.- Piensas.

Y es que en cierto modo lo están. La gente a tu alrededor se cansa un poco de ti... A veces incluso te exigen que aceptes lo que te sucede y sonrías, feliz como una perdiz, de una maldita vez.

Y es que el dolor crónico y permanente es causa de depresión y de pésima calidad de vida, aunque creo que no hacen falta estudios para aseverar dicha afirmación, aquí muestro un estudio que lo certifica… [3]

De lo que menos se habla es de la vergüenza que sentimos.

Porque si, además de todos estos horrores con los que convivimos todos los días durante semanas, meses o como yo años, lidiamos con una gran vergüenza.

Y creo que esto es lo peor de todo. Más que las heridas, los dolores, la culpa y los picores.

Nos da vergüenza decir que tenemos candidiasis:

  • ¿Qué va a pensar de mí la gente?
  • ¿Que no tengo una correcta higiene, que mi relación va mal, que soy o he sido promiscua, que tampoco es para tanto, que soy una llorona, que soy débil y no aguanto nada, etc?

Así que casi todo el tiempo lo llevamos en silencio (como las hemorroides).

Con una gran sonrisa en la cara, pero muriendo por dentro.

Por tanto, señores/as ginecólogo/as, cuando vamos a su consulta y se nos cae un lagrimón, es porque pensamos que nos comprendéis, que habréis visto a muchas como nosotras y empatizáis con nuestro dolor.

Creemos que entendéis que nuestra vida personal y amorosa está a punto de derrumbarse por culpa de la maldita cándida, que nuestra vida profesional es insoportable, en definitiva, que comprendéis la carga que llevamos desde hace AÑOS.

Deberíais tener en cuenta que sois casi los únicos en nuestra vida con quienes nos permitimos rompernos, antes de que también vosotros nos digáis que no es para tanto “que nadie se muere de esto”, o que nos miréis con desgana y nos despachéis rapidito con un nuevo antifúngico.

La realidad sobre los tratamientos farmacológicos para abordar la CVC.

Como te he dicho antes soy científica, por tanto mi educación académica siempre ha sido muy convencional. Y como tal confiaba en la medicina convencional al 100%.

Cualquier mención a un enfoque más alternativo u holístico me sonaba por aquel entonces un poco hippy y esotérico ya que así me habían educado en la universidad.

Por eso cuando mis brotes de candidiasis vaginal empezaron, lo primero que hice fue lo que hace todo el mundo.

Ir al médico.

Durante varios años fui una “buena” paciente, hacía caso de todo lo que me decían, no me saltaba una revisión y confiaba total y absolutamente en mis médicos.

Ellos sabían qué hacer, ellos me curarían.

Sin embargo, ahí seguía aferrada mi cándida, cual koala a su árbol.

NADA me hacía mejorar, de hecho fue a peor.

Al principio tenía un brote cada mes, pero fue evolucionando a 2 brotes al mes, tres, y al final del todo viví un período de 7 meses con una candidiasis permanente.

Permanente. Si. 7 meses así...

Con todo lo que ello conlleva. Te confieso que hubo momentos en los que incluso me planteaba si merecía la pena vivir así.

Entonces, como científica lo primero que hice cuando agoté todas las vías médicas posibles fue irme a Pubmed (una base de datos científica) y leer como una loca todo lo que encontré sobre candidiasis vaginal crónica.

Salí aún más angustiada de esa búsqueda.

  • En primer lugar hay muy pocos estudios, ya que la candidiasis es una dolencia subdiagnosticada. Por lo que parece, las mujeres tendemos a aguantar en silencio, no queremos armar mucho jaleo ni molestar demasiado.
  • Y en segundo lugar casi todos los estudios que hay son o bien sobre desarrollo de medicamentos y fármacos antifúngicos, que tardarán en ser aprobados y dispuestos para el uso de los pacientes, décadas. O bien sobre tratamientos que YA hemos probado y no nos han funcionado.

Hay muy pocos estudios que muestren terapias o tratamientos con resultados significativamente alentadores.

Tras esa búsqueda infructuosa me sentí totalmente perdida y derrotada. Mi piedra angular, la ciencia tampoco tenía respuesta ni solución al horror en que estaba sumida.

Si la ciencia no sabía qué solución darle a la candidiasis crónica y los médicos basan sus tratamientos en ciencia, entonces, pensé destrozada, yo no tenía forma de curarme.

La medicina “alternativa”.

Fue entonces que empecé a considerar la medicina alternativa. Gracias a mi madre y a su incansable búsqueda de soluciones para mí.

He leído en algunos papers sobre cómo las mujeres con candidiasis vaginal tendemos a acudir a terapias alternativas. Me hace gracia (bueno, en realidad no) cómo se presenta este asunto.

El tono que en ocasiones le imprimen a esa observación es un poco ofensivo [4].

Por ello quisiera puntualizar algo. En la mayoría de los casos, las mujeres, acudimos a terapias alternativas únicamente cuando estamos TAN DESESPERADAS que no sabemos dónde acudir.

Es nuestro último recurso. Y sólo si tenemos la suerte de oír hablar de esta opción.

Porque aquí hay un problema del que no se nos habla y que no se nos cuenta en consulta y es que los tratamientos antifúngicos NO FUNCIONAN cuando padecemos candidiasis vaginal crónica.

Esto lo descubrí yo solita leyendo artículos científicos, y no gracias a una explicación médica.

También lo descubrí yo sola, tras probar durante años 3 tratamientos antifúngicos sistémicos con una duración de entre 3 y 6 meses, unos 50 tratamientos locales y más de una veintena de pruebas clínicas (microscopía, biopsias, exudados, analíticas varias, etc.), sin obtener JAMÁS una mejora de mi candidiasis crónica.

Yo no soy un caso aislado, no es anecdótico.

Como yo hay miles y miles de mujeres (y hombres también aunque menos) que están sufriendo en este mismo instante esta exacta situación que describo.

Así que evidentemente, yo no fui directa al naturópata cuando tuve mi primera infección de cándida, ni mi segunda, ni mi tercera.

Opté por una terapia alternativa cuando ya habían pasado más de 2 años, cuando mi vida personal era una mierda y cuando ya no podía casi ni sentarme en mi puesto de trabajo a pipetear (trabajaba como científica, investigando en un laboratorio), debido a las heridas y terribles dolores y picores.

Estaba reticente, claro que sí, pero ya no sabía dónde acudir, y si esta opción tampoco me ayudaba entonces... no quería ni pensar en el futuro.

Tenía que aferrarme a algo.

Necesitaba creer que iba a curarme. Si no, mi vida se iba al traste...

La realidad sobre la medicina holística o “alternativa”.

Y déjame decirte que cuando en esa consulta de medicina “alternativa” me hablaron de los alimentos y las interacciones moleculares a nivel fisiológico no me pareció nada esotérico ni hippy.

De hecho a nivel bioquímico me hizo mucho sentido.

Mucho más sentido que todo lo que había hecho por mí hasta el momento la medicina convencional.

Ese día, por primera vez en años, volví a casa con una ilusión renovada y comencé a indagar en otra dirección, esta vez deseché la vía farmacológica que no tenía soluciones para mi problema, y ahondé en la vía de la nutrición humana.

Y cuando cambié mi búsqueda en Pubmed y mi investigación viró en pos de la nutrición humana, empecé a ver con otros ojos esto de la medicina en general.

Empecé a comprender que los fármacos no nos pueden curar todo.

Hay una parte importantísima que tiene que suceder desde dentro de nuestro organismo, desde nuestras células. Y esto sólo puede suceder si alimentamos a nuestras células con los nutrientes adecuados.

Entonces experimenté conmigo misma, cambié mi dieta de forma radical y sucedió lo increíble: mi cándida desapareció durante un mes.

Tras 7 meses con candidiasis ininterrumpida, estuve un mes completo sin cándida.

Fue ahí cuando la medicina alternativa me pareció una GRAN alternativa.

Por que somos lo que comemos.

Estamos hechos de células. Y ellas trabajan duro para que nuestro cuerpo funcione correctamente.

Y para ello necesitan tomar nutrientes, necesitan comer sustancias concretas que les permitan funcionar muy bien.

¿Y de dónde obtienen esas sustancias? ¡De nuestros alimentos! ¡De lo que te pones en el plato! No pueden obtenerlo de ningún otro sitio más de lo que tu mismo comes.

Si lo que comes es basura y no te nutres debidamente, tus células dejarán de percibir los nutrientes necesarios para funcionar correctamente y empezarán a fallar en diversos procesos celulares.

Sin embargo, si le damos a nuestras células las vitaminas, minerales, micronutrientes y macronutrientes adecuados ellas empezarán a funcionar de nuevo a todo volumen.

Es decir, empezarán a rectificar señales moleculares, sintetizar hormonas correctamente, se cambiarán los factores epigenéticos, se expresarán nuevos genes, etc.

Por eso somos lo que comemos, en el sentido literal de la frase.

Así que, en mi opinión la nutrición no es algo “alternativo”. No es un canto a la luna ni una llamada a la energía de los astros, es pura bioquímica.

  • La medicina actual no debería considerar las terapias nutricionales como algo “alternativo”.
  • La medicina actual no debería ignorar, como lo hace, el impacto que tienen tus alimentos sobre tu salud y sobre tus genes (esto no es una opinión, es una realidad: los médicos no estudian nutrición en la carrera porque el enfoque de la medicina actual no la considera una asignatura necesaria, ellos no tienen la culpa).

Sin embargo, la ciencia ha demostrado con creces que tu alimentación impacta en tu salud más que tus genes.

Este conocimiento por tanto no es nada “alternativo”, o a mi entender, no debería serlo.

La dieta es PRIMORDIAL a la hora de abordar la salud.

Es ciencia de la potente, te lo digo yo que era más escéptica  y científica que nadie.

De hecho, hay cientos de personas curando su candidiasis vulvovaginal crónica a través de modificaciones en la dieta y estilo de vida, (o medicina alternativa) y me parece fascinante que no se invierta mucho más en este tipo de investigación.

(Aunque, claro, pensándolo bien, si me hubieran curado desde el primer momento con pautas alimenticias yo no habría invertido cientos de euros en mis múltiples tratamientos antifúngicos y las “pobres” farmacéuticas habrían perdido mucho dinero)  

  • Me parece alucinante que cuando vayamos a la consulta del ginecólogo nos sigan atiborrando de antifúngicos sistémicos (con posibles efectos adversos sobre nuestras propias células eucariotas) y NO se nos informe debidamente de las pautas nutricionales que además deberíamos seguir para erradicar a la cándida.
  • Me parece alucinante que se siga ignorando por completo el efecto de la dieta y el estilo de vida sobre una dolencia tan horrible como la candidiasis vaginal crónica.

Creo que en parte hay una falta de interés y empatía por los afectados y en parte una ciega soberbia y fe dogmática (casi religiosa me atrevería a decir) en la farmacología y en el rol médico.

No hay comprensión ni empatía por la tortura que vivimos día a día quienes padecemos candidiasis vulvovaginal crónica.

Y esto hace que no se cuestionen los resultados insuficientes de los tratamientos farmacológicos en esta dolencia.

Se mira para otro lado y no confrontan la realidad: que los fármacos antifúngicos no están curando la candidiasis vaginal crónica.

Siguen empeñados en prescribirnos unos tratamientos que hasta los artículos científicos denuncian lo ineficaces que son.

Y esta negación de la realidad únicamente agrava el problema a los afectados, y únicamente nos hace sentir más desgraciadas y más aisladas.

Conclusiones.

A día de hoy confieso que me sigue costando superar la vergüenza de hablar de esto.

Pero las ganas de cambiar la situación actual para mujeres con candidiasis crónica son mayores que mi vergüenza.

Desde luego que no es agradable hablar de lo que nos sucede por ahí abajo, ni de mi vida personal, sin embargo, creo que ya va siendo hora de sacar el tema.

Hay que ser valientes para poder hacer algún cambio.

Y, aunque no ha sido fácil escribir este post (y menos publicarlo) lo hago con orgullo.

Porque quiero que sepas que no estás sol@.

Que como tú hay miles de personas y sobre todo y más importante que yo lo superé y por tanto, tú también puedes.

Esto no debería ser  tabú, y creo que sentimos soledad e incompresión porque sigue siendo tabú.

Sentimos una extraña vergüenza y culpabilidad por estar enfermas crónicas.

¡Qué retorcida perversión de la realidad!… ¡además de padecer terriblemente, nos avergonzamos y nos sentimos culpables por ello!

Y esto sucede, en parte, porque no nos informan en el médico de qué narices está ocurriéndonos ahí abajo, y esto hace que saquemos nuestras propias conclusiones autodestructivas (higiene, promiscuas, culpa, quejica, etc.).

Y porque no se habla del tema.

¡Pues ya he hablado!

Ahora, tras mucho leer y experimentar, comprendo por fin por qué yo desarrollé candidiasis vaginal crónica:

Yo tenía una CVC porque:

  • El estrés y la presión debilitaron mi sistema inmune. Un sistema inmune débil, no lucha correctamente contra la cándida invasiva, un punto a favor de que la cándida se desmelene y crezca sin pudor.

  • Porque con el frenetismo laboral dejé de comer bien, y comía mierdas procesadas continuamente. Otro punto a favor de que la cándida crezca que da gusto (a la Candida Albicans le encanta el azúcar y la comida basura está repletita de ella).

  • Tenía una enfermedad autoinmune (celiaquía) y nadie se había dado cuenta. Con lo cual tenía intestino hiperpermeable y atrofia de las microvellosidades intestinales, que se reflejaba en un estado de desnutrición (anemia) que afecta directamente al sistema inmune. Más debilitamiento de mi sistema inmune, más puntos a favor para la cándida.

  • Tomaba antibióticos por un tubo, para mantener controlada mi cistitis (también crónica). Ningún médico me recomendó nunca que tomase probióticos tras cada dosis de antibiótico, con lo cual, en pocos meses destruí por completo mi flora vaginal e intestinal (la cual a día de hoy aún sigo tratando de recuperar), perdiendo la protección natural que ofrece el medio ácido resultante de una saludable flora vaginal y dándole vía libre a la cándida albicans.

  • Porque quizá tengo una predisposición genética (no lo sé, no me he hecho pruebas ni creo que me las haga)

Y al comprender todas estas razones supe exactamente qué tenía que hacer.

  1. Cambiar de forma radical mi alimentación, nutrirme a base de alimentos reales y saludables. Para regenerar mi barrera intestinal, para recuperar mi flora intestinal y vaginal y para nutrirme debidamente.

  2. Abordar mi estrés. Reducir las horas de trabajo poco a poco y hacerme de valer.

  3. Seguir yendo al médico y aplicar su tratamiento antifúngico.

 

Estas tres cosas A LA VEZ me curaron. Los antifúngicos solos no me ayudaron NADA.

Ya no tengo candidiasis vaginal crónica. A veces sufro un brote, a lo mejor, uno al año.

Pero ya no lloro desesperada sola en mi baño, ni me hundo en la miseria, ni me pregunto ¿por qué a mí?

Ahora sonrío, y le agradezco a mi sabio cuerpo su señal, su pilotito rojo que me avisa de inmediato de que algo no estoy haciendo bien.

Entonces puedo arreglar el fallo y seguir adelante sana y feliz.

 

Te voy a pedir un favor: si te gustó este artículo, hoy NO compartas en Facebook con esa mujer a la que quieres y que sabes que sufre candidiasis vaginal crónica, y a la que le hace tanta falta leer esto. No lo hagas, porque le dará vergüenza que aparezca en su biografía… te lo digo yo.

Hoy, copia la dirección web de este post y mándaselo por privado, por favor, porque estoy segura de que, como yo en su momento, no quiere que todo el mundo se entere de que sufre terriblemente con la cándida y agradecerá tu discreción.

Si estás sufriendo candidiasis vaginal crónica ahora mismo y te sientes identificada con lo que hoy te he contado quédate con un mensaje de esperanza:

Hay salida.

Da igual los años que lleves con esta carga. Aún puedes ganarle esta batalla, puedes vencer a la candidiasis vaginal crónica.

Sigue peleando guapa, que le puedes ganar.

Y déjame un comentario abajo si lo deseas.

Un fuerte abrazo.

Suyi

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REFERENCIAS:

[1] G. Fischer, “Chronic vulvovaginal candidiasis: What we know and what we have yet to learn,” Australas. J. Dermatol., vol. 53, no. 4, pp. 247–254, Nov. 2012.

[2] C. WATSON and H. CALABRETTO, “Comprehensive review of conventional and non-conventional methods of management of recurrent vulvovaginal candidiasis,” Aust. New Zeal. J. Obstet. Gynaecol., vol. 47, no. 4, pp. 262–272, Aug. 2007.

[3] K. Kawai, A. T. Kawai, P. Wollan, and B. P. Yawn, “Adverse impacts of chronic pain on health-related quality of life, work productivity, depression and anxiety in a community-based study,” Fam. Pract., Apr. 2017.

[4] P. Nyirjesy, J. Robinson, L. Mathew, A. Lev-Sagie, I. Reyes, and J. F. Culhane, “Alternative Therapies in Women With Chronic Vaginitis,” Obstet. Gynecol., vol. 117, no. 4, pp. 856–861, 2011.

 


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